El interrogatorio en el sistema acusatorio adversarial.

26.03.2014 04:58

Mucho ha cambiado la forma en que se llevan los procesos penales en México en los lugares que ya opera el sistema penal acusatorio adversarial, y uno de los cambios más significativos es el de los abogados litigantes.

 

El cambio más trascendental, si se habla de la forma en que se desarrolla el proceso, ha sido el cambio de las actuaciones en forma escrita a la modalidad oral, en dónde cada expresión de los intervinientes debe ser planteada en el momento en que se desarrollan los problemas jurídicos, es decir, en las audiencias, y no desde un escritorio donde se cuenta con bastante tiempo para reflexionar lo que se desea argumentar, aumentando así el grado de exigencia que se requiere para ser un buen litigante.

 

Ese incremento en los estándares de competencia se llama técnicas de litigación oral, y se desarrollan con mayor facilidad cuando son puestas en práctica, de tal suerte que el abogado que no las conoce, no las puede practicar.

 

Una de las técnicas de litigación oral más importantes es la de saber hacer interrogatorios, pues depende de esa actividad, en gran parte el éxito en un juicio para un abogado.

 

El interrogatorio es la comunicación que se da entre una persona que sabe o tiene conocimiento acerca de algún suceso (testigo) y una persona que la debe guiar para proporcionar esa información de manera correcta (litigante).

 

La información que conoce el testigo existe únicamente para sí mismo, y es de gran importancia que la de a conocer para poder esclarecer los hechos que se han tornado materia de un juicio penal, y las personas a las que debe llegar esa información son los jueces que integran el Tribunal de Juicio Oral, pues son esas personas las que decidirán el fallo del asunto.

El camino que debe recorrer la información que está alojada en la memoria del testigo, hasta el estrado de la sala de audiencias, debe pasar por un proceso de depuración para que pueda ser útil a los fines del litigante.

 

Ese proceso de depuración será diferente dependiendo de la persona que realice el interrogatorio y de la persona que sea interrogada, pues de nada serviría un excelente testigo que conozca con claridad la totalidad de los hechos materia del juicio, si es interrogado por un abogado que carece de las técnicas de litigación oral necesarias para poder extraer de él esa información, y por el contrario, si se trata de un buen litigante con las destrezas necesarias para realizar un buen interrogatorio, sabrá sortear las adversidades que surjan al encontrarse frente a un testigo que en poco o casi nada ayude para evidenciar la información que necesita, o incluso ante un testigo hostil.

 

Este trabajo tiene como finalidad dar a conocer algunas de las técnicas que se usan con mayor frecuencia al realizar interrogatorios durante una audiencia de juicio oral.

 

Ahora bien, la depuración a que se hizo referencia en líneas anteriores, consiste en poder decidir cuáles partes de la historia que conoce el testigo, son las de mayor utilidad para sustentar la teoría del caso.

 

El litigante debe saber perfectamente con que información cuenta cada testigo, pues en el interrogatorio, su tarea es hacer que esa información se dé a conocer en la audiencia, y nunca, por ninguna razón, “salir de pesca”, es decir, hacer preguntas para enterarse de algo, ni hacer preguntas de las cuales desconozca la respuesta, ya que ello puede traer como consecuencia que su actividad al interrogar, en vez de ayudar, le perjudique si el testigo contesta con una respuesta inesperada; también es importante saber qué es lo que sabe cada testigo para elegir el orden en que se presentarán sus testimonios.

Una vez que se conoce perfectamente la calidad de la información que posee el testigo, y se ha decidido que parte de esta es la que se desea obtener, es momento de preparar al testigo.

 

La preparación del testigo no debe entenderse ni mal interpretarse en el sentido de aleccionarlo, pues en el sistema acusatorio adversarial es posible evidenciar a un testigo mentiroso (al enfrentarlo a un contrainterrogatorio), por lo que siempre es preferible actuar bajo los principios de objetividad y lealtad.

 

La preparación del testigo comienza cuando es llamado a la audiencia por el Tribunal de Juicio Oral para ser interrogado, y depende del litigante hacerlo sentir cómodo y confiado para que su testimonio sea claro y eficiente.

 

Es recomendable comenzar saludando al testigo, preguntándole sobre su estado de ánimo, para poder distinguir el tono o intensidad con que se le cuestionará; si se detectan en el testigo señales de angustia, temor o nervios, o él las manifiesta, lo mejor es explicarle brevemente que se le harán preguntas sencillas sobre hechos que conoce, a las que deberá responder hasta dónde llegue su conocimiento de los hechos, manifestarle que la necesidad de interrogarlo es únicamente para ayudar a resolver un conflicto, y que si necesita algo se lo haga saber, brindándole así la seguridad necesaria para expresarse libre y correctamente, pues aunque pueda parecer una tarea sencilla, la presencia de los jueces, la contraparte y el público si es que lo hay, llegan a ser un factor imponente aún ante el más seguro de los testigos.

 

Una vez que se ha logrado brindar seguridad al testigo y que se encuentre cómodo, el siguiente paso es acreditarlo frente al Tribunal.

 

La acreditación consiste en hacerle saber al Tribunal quien es el testigo que les va a proporcionar la información, es decir, cual es su nombre, a que se dedica, el por qué se encuentra en la audiencia, y depende de las preguntas que haga el

abogado, lograr esa acreditación, pero es una acreditación introductoria únicamente, ya que la verdadera acreditación del testigo se dará conforme transcurra el interrogatorio.

 

Acontecido lo anterior, comienza esencialmente el interrogatorio, y es el momento en que el litigante debe decidir ágilmente cuales estrategias serán usadas con cada testigo, pues debe tener la pericia para manejar cada situación que surja durante la audiencia después de formular cada pregunta, por ejemplo, para detener al testigo cuando comience a salirse del tema que interesa o comience a hablar de información irrelevante, para hacer una pregunta distinta cuando el testigo no conteste con claridad a una anterior, para hacer uso del mecanismo de apoyo de memoria, e incluso corregir si el testigo contestó erróneamente a una pregunta sin perjudicar su credibilidad, así como decidir la forma en que resaltará la información que necesite y considere reafirmar frente al Tribunal.

 

Es necesario recordar que el objetivo principal del abogado litigante en este momento procesal, es hacer llegar correctamente al Tribunal el mensaje que pretende transmitir, a través de una versión fidedigna de los hechos, pues no es ni un actor ni un orador, y su forma de conducirse siempre debe ser congruente con su teoría del caso, pues se actúa dentro de un sistema de enjuiciamiento dónde se empeña la credibilidad de los intervinientes. 

 

Para lograr lo anterior, el abogado puede optar por dejar que el testigo narre todo lo que sabe, y cuándo termine, regresar a los puntos que ya mencionó y le son de mayor importancia para resaltarlos; otra forma de lograrlo, es preguntar cronológicamente, y cuando el testigo mencione la información que se necesita, insistir en ese punto al momento que el testigo lo ha mencionado. La elección de alguna de las dos técnicas dependerá de las consideraciones que cada litigante haga.

 

Ahora bien, una de las características principales del interrogatorio es que las preguntas deben ser abiertas o también conocidas como directas.

 

Las preguntas directas son ¿Por qué? ¿Cómo? ¿Cuándo? ¿Dónde? ¿Quién? ¿Para qué? y son las únicas preguntas permitidas, por lo que quedan prohibidas las sugestivas, es decir, de las que sugieren la repuesta al testigo, por ejemplo, ¿Verdad que usted sí vio a los ladrones?; también están prohibidas las preguntas capciosas, pues confunden al testigo para hacerlo contestar algo erróneamente; de igual forma se prohíbe hacer dos preguntas a la vez; tampoco es válido pedirle al testigo que haga juicios de valor o pedirle que conteste de forma especulativa.

 

Si el litigante formula alguna de las preguntas que no están permitidas al interrogar a un testigo, su contraparte podrá válidamente objetar la pregunta, y de acogerse por parte del Tribunal la objeción, le pedirá al testigo que no conteste, y al litigante que hizo la pregunta prohibida se le requerirá para que reformule su pregunta, situación que le hará perder credibilidad ante el Tribunal, pues se podría interpretar que basó su actuar en una conducta deshonesta.

 

Aunado a lo anterior, existe otra circunstancia de gran importancia que nada tiene que ver con su contraparte para que el abogado que realiza un interrogatorio se abstenga de formular preguntas de las que no están permitidas, y esa razón es que la información, como ya se ha dicho, debe surgir de viva voz del testigo, y no simplemente afirmar este, lo que el litigante le pregunta, pues un punto que nunca se debe perder de vista al realizar un interrogatorio, es que la estrella en ese momento del juicio es el testigo, es quien debe brillar y captar la atención del Tribunal, no el abogado litigante.

 

Uno de los momentos de mayor dificultad en un interrogatorio, es cuando algún testigo manifiesta no saber o no recordar algo sobre lo que le han cuestionado, pues debe decidir el abogado litigante entre dos opciones, permitir

que esa información no se presente, o bien, realizar un procedimiento de apoyo de memoria para que el testigo pueda proporcionarla.

 

Es necesario mencionar que el uso o sustitución de alguna técnica de litigación oral por otra en el interrogatorio, acarrea consecuencias para el litigante, pues debe elegir entre ayudar a su testigo para que brinde algún dato al Tribunal, pero restándole credibilidad a su dicho porque el testigo no fue capaz de hacerlo por sí mismo, o, por otra parte, prescindir de ese dato si no lo considera fundamental para su teoría del caso, y dejar intacto a su testigo.

 

En caso de que opte por ayudar a su testigo con el mecanismo de apoyo de memoria, se deben realizar los siguientes pasos una vez que el testigo haya contestado no recordar o no saber, siempre y cuando el litigante esté seguro que su testigo conoce la respuesta y que esta se desprende de alguna declaración o entrevista anterior:

 

1. Preguntar al testigo si ha rendido con anterioridad alguna declaración, o ha sido entrevistado sobre los hechos materia del juicio.

2. Preguntarle si recuerda ante qué autoridad.

3. Preguntar al testigo si en esa declaración manifestó todo lo que sabía.

4. Preguntarle si al ver esa declaración o entrevista le ayudaría a recordar mejor.

5. Preguntar al testigo si sería capaz de reconocerla en caso de mostrársela. 

6. Dirigirse al Tribunal y solicitar permiso para iniciar el procedimiento de apoyo de memoria.

7. Mostrar a la contraparte técnica (fiscal o defensa) la parte de la entrevista que se le mostrará al testigo.

8. Solicitar permiso para acercarse al testigo.

9. Mostrar al testigo su declaración o entrevista y preguntarle si la reconoce.

10. Cuestionar al testigo si la firma de la entrevista o declaración es de él.

11. Pedirle que lea en silencio la parte de la declaración o entrevista que no pudo recordar.

12. Por último formular nuevamente la pregunta que no pudo responder, para que brinde la información.

 

El uso de este mecanismo de apoyo al testigo es recomendable únicamente cuando se trate de evidenciar información de gran importancia, pues su uso indiscriminado repercute en la credibilidad del testigo, a menos que se trate de un testigo hostil que trate ocultar información argumentando no saber o no recordar.

 

Como se ha visto, el interrogatorio es una de las herramientas más efectivas con que cuenta el abogado litigante dentro del sistema de justicia acusatorio adversarial para probar su teoría del caso, pero para llevarlo a cabo son necesarias distintas técnicas de litigación oral que se desarrollan por medio de la práctica, y deben ser elegidas en el momento justo que se presentan los problemas jurídicos en una audiencia, pues se trata de una verdadera actividad.

 

 

Lic. Francisco Manuel Leyva Alamillo